Jardines de la Lonja

Nombre: Jardines de la Lonja

Tipo: Jardín de Distrito

Distrito: Casco Antiguo

CP: 41004

Situación: Avenida de la Constitución, delante del Archivo de Indias

Acceso: línea T1

Superficie: 1231 m²

Descripción:

Habitualmente, los comerciantes se reunían para llevar a cabo sus tratos y transacciones en las gradas de la Catedral, guareciéndose ante el mal  tiempo o en días calurosos en el interior del templo, lo que motivaba numerosas quejas y protestas del Cabildo catedralicio. Movido por ello el arzobispo de la sede hispalense: don Cristóbal Sandoval y Rojas pidió al rey –Felipe II- acabase con tales prácticas. Se decidió entonces crear una Casa Lonja para lo que se firmaron unas capitulaciones el treinta de Octubre de 1572 por Gaspar Jerónimo del Castillo, en nombre del Prior y Cónsules de Sevilla, y el Conde de Olivares, alcaide de los Reales Alcázares, éste en nombre del Rey, quien a su vez las firmaría en San Lorenzo el Real el 7 de Noviembre de ese año.

El edificio se construyó según planos de Juan de Herrera, terminándose bajo la dirección de Juan de Minjares. Se comenzó en 1584 e inauguró en Agosto de 1598 según puede leerse en una lápida existente en la puerta Principal situada en el costado norte. Por ello estos jardines, situados delante de la que hoy es su entrada principal, son conocidos por Jardines de la Lonja. Todavía hoy en la fachada del norte, mirando hacia la plaza del Triunfo, existe una gran cruz de mármoles llamada del Juramento, porque según la tradición ante ella lo prestaban los comerciantes a la hora de sus tratos y negocios. El edificio alberga hoy el Archivo General de Indias, desde que en tiempos de Carlos III se decidiese reunir allí la totalidad de los documentos relacionados con América.

Sin embargo estos jardines son mucho más modernos. En 1927 con el derribo del que fuera Convento de Santo Tomás, que ocupaba gran parte de la manzana situada en frente del edificio del Archivo, comienzan las operaciones encaminadas al ensanche por este extremo de la que hoy es Avenida de la Constitución. Con una serie de derribos se pretendía hacer realidad el viejo proyecto de obtener una gran vía recta, que siguiendo la alineación de la fachada Sur de la Catedral a través de la entonces calle Gran Capitán, la uniese con la llamada Reina Mercedes, eliminando el quiebro que justo en frente de la antigua Lonja suponían las calles Cardenal González y Santo Tomás. Con ello surgía un espacio triangular al pie de la fachada del edifico del Archivo que se decidió ajardinar y que son los jardines que nos ocupan.

Los jardines se proyectan y construyen en 1928 bajo la dirección del ingeniero Juan José Villagrán, que también haría obras en otros jardines de la ciudad (Jardines de Cristina). El jardín, de planteamiento sencillo y clasicista, crea una serie de arriates encintados con setos que van surgiendo alrededor de la fuente central. Ésta es de planta circular y se encuentra rodeada de figuras de animales –leones y perros- elevadas sobre pedestales. Las distintas sendas peatonales todas pavimentadas permiten recorrer el recinto en todas direcciones así como acceder al edificio del Archivo.

Entre la vegetación, distribuida por los arriates delimitados por setos de arrayán (Myrtus communis), cabe destacar un grupo de washingtonias (Washingtonia filifera), pitosporos (Pittosporum tobira), varias palmeras canarias (Phoenix canariensis) y magnolios (Magnolia grandiflora).

Cuando con el verano el calor llega a la ciudad y ésta se queda casi vacía, es agradable contemplar la inusitada quietud de estos jardines bajo la atenta mirada que, desde los siglos, les dirige el viejo edificio de la que fuera Casa Lonja, cuya fachada se filtra a través de la esplendorosa floración de los diversos árboles Júpiter (Lagerstroemia indica) que pueblan estos jardincillos.

En sus cercanías se encuentran dos grandes árboles: un aislado magnolio junto a la catedral. Al otro lado, un gigantesco plátano (Platanus x hybrida) en similar actitud. El único que queda de la desaparecida plaza y luego calle de Santo Tomás, que había surgido junto al también desaparecido convento del mismo nombre.

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