Plaza de San Leandro

Nombre: Plaza de San Leandro

Tipo: Plaza arbolada

Distrito: Casco Antiguo

CP: 41003

Situación: entre las calles Alhóndiga, Francisco Carrión Mejías, Cardenal Cervantes, Imperial, y Zamudio.

Acceso: líneas 15, 16, 20, 24, 27, 32 y C5

Superficie: 400 m²

Descripción:

Denominada así, al menos desde finales del siglo XVI, por el convento de monjas agustinas que se trasladaron en 1369 al edificio que, todavía hoy, ocupan en uno de los laterales de la plaza, cercana a la antigua Alhóndiga. La plaza de San Leandro ha estado ligada, hasta finales del siglo XIX, a funciones relacionadas con el comercio de productos agrícolas que tenían entrada en la ciudad.

Se sabe que en 1853 tenía una fuente de hierro, y que se pavimentó con adoquines en 1906, siendo reformada en varias ocasiones posteriores, especialmente  en 1966.  En esa fecha se instaló la fuente que posee actualmente, conocida como "Pila del Pato" y muy popular en la ciudad y que anteriormente estuvo situada en la Plaza de San Francisco, en la Alameda de Hércules y en la Plaza de San Sebastián, donde hoy se encuentra el edificio de los Juzgados.

En la reforma citada, la plaza, que era terriza, se pavimentó con adoquines y enchinado. Al mismo tiempo, se respetó el magnífico Laurel de Indias que ya existía y se plantaron los naranjos del perímetro.

La jardinería de esta plaza se encuentra presidida por la contundente presencia del notable ejemplar de laurel de indias (Ficus microcarpa) que, a pesar de no estar situado en el centro de la misma llena, con la anchura de su copa y el agradecido frescor de su sombra, la totalidad del espacio. Apenas le restan protagonismo el seto de pitosporo que encinta triangularmente su alcorque, ni tampoco los humildes y omnipresentes naranjos que se limitan a hacerle compañía por todo el perímetro.

Puede percibirse un silencioso pero elocuente diálogo entre la asimetría de colocación de los elementos principales de la plaza (árbol y fuente; uno vivo y otro necesariamente pétreo) y el rumor del agua. Una fórmula casual que se antoja moderna por su disposición pero que es una de las más carismáticas de la ciudad.

Constituye también un bonito ejemplo de lo que árboles de estas características, generalmente perennifolios y de procedencia subtropical como el ombú y el laurel de indias, pueden hacer en entornos urbanos. Es muestra, asimismo, de la siempre difícil y arriesgada jardinería individual, en la que se confía a un solo ejemplar el revestimiento vegetal de una glorieta, de un enclave urbano, o incluso de toda una plaza del centro de la ciudad. Otro ejemplo de ello lo teníamos en la Glorieta de Cervantes de la Plaza de América, donde el centro de la composición es una araucaria.

Sin embargo, el uso masivo de las especies antes mencionadas en la zona de la Cartuja con motivo de la Exposición del año 1992 (véanse los alrededores del llamado World Trade Center o él área donde hoy se encuentra la Gerencia Municipal de Urbanismo), permite verlos ahora con mayor frecuencia, alguno incluso algo lejos de la ciudad antigua. Valgan como ejemplos la pequeña rotonda de acceso al aparcamiento subterráneo de la calle Monzón, presidida por un solitario ombú (Phytolacca dioica), la plaza de Clara de Jesús Montero frente al hotel Triana y la cercana de la calle Alfarería junto a la Ronda de Triana, con la decidida aportación en solitario, en cada una de ellas, de un laurel de indias como parte esencial de su ajardinamiento.

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