26.-Panteón Guajardo

 

C/ Esperanza, derecha, 1

 

Encargado por D. José Sáenz de Juano, para la familia de D. Joaquín Riquelme y diseñado por D. Juan Talavera de la Vega hacia 1888, presenta un fuerte gusto clásico, caracterizado por una planta cuadrangular cubierta por una bóveda claustral, realizada con muros de sillares y presentando un revestimiento de mármol. Según consta en el proyecto conservado en el expediente que se custodia en el Archivo del Cementerio, se dice que el panteón debía contener “tres sepulturas con tapa de mármol, osario y altar con nicho para contener restos”.

 

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Alzado y sección panteón Guajardo-Fajardo    

 

Planta, fachada y sección panteón Guajardo

 

La decoración se centra en algunos motivos arquitectónicos, tales como el zócalo, las pilastras adosadas en las esquinas presentadas en parejas, y el portentoso entablamento y cornisa que sustentan la cubierta. En dicho entablamento aparece la inscripción “Guajardo”. Las pilastras presentan fustes estriados y capiteles compuestos, con hojas de acanto, volutas y unos rosetones que los rematan en el centro. El vano de acceso es un sencillo dintel con una puerta de doble hoja realizada en hierro con la única decoración de dos coronas de laurel en la parte inferior, reservando la superior para dos cruces latinas. En los muros laterales de la construcción aparecen unos grandes óculos que sirven para iluminar el interior del recinto.

 

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Vista general panteón Guajardo

 

El concesionario primitivo del panteón sería D. Joaquín Riquelme a quien se le cedieron en 1888, 16 m2 de terreno, quien hasta 1892 se encontraba aquí sepultado. D. Joaquín Riquelme y Gómez, nació en Granada, el día 17 de agosto de 1812, en la época de la invasión napoleónica. Con 13 años ingresó, como cadete, en el Colegio General Militar donde fue formado en los valores del honor, religión y respeto a la patria. Su carrera militar fue verdaderamente fulgurante, los ascensos se sucedieron vertiginosamente, unos por antigüedad, otros por elección, y otros por méritos de guerra; al casarse en 1846, con Dña. Emilia Zayas y Fernández de Córdoba, descendiente del Gran Capitán, era ya Teniente Coronel, llegando posteriormente a ocupar el grado de Teniente General. En 1863 ocupó el cargo de Capitán General de Canarias. Tuvieron cuatro hijos siendo su primogénita Dña. Emilia Riquelme y Zayas fundadora de la congregación de Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada.


En 1894 la concesión pasó por cesión de derechos a manos de D. Rafael Guajardo-Fajardo y Venegas de Saavedra, hasta que en 1918 pasaría a manos de otros descendientes. Hay que tener en cuenta que en 1919 se le concede a D. Antonio Guajardo-Fajardo Torres 26,65 m2 más de terreno para ampliar el citado panteón, quien sería concesionario hasta 1954, año en que vuelve a ser traspasado a sus descendientes.


Dicha familia pertenece a la nobleza española, en ella se unen tres marquesados, el de la Peña de los Enamorados, el de la Reunión de Nueva España y el de Villapanés, aunque hemos de citar que los miembros de la familia que se relacionan con éste último título reciben sepultura en un panteón distinto al que tratamos aquí, y que según el registro se encuentra en la calle Santa Rufina derecha número 2, reconocible por ser una cripta que se remata con una cruz latina de grandes dimensiones y en la que aparece la inscripción “Marqués de Villapanés”.


En lo referente al Marquesado de la Reunión de Nueva España, hemos de remontarnos a D. Francisco Javier Venegas de Saavedra y Rodríguez de Arenzana, que fue Virrey de Nueva España y I Marqués, el cual fallece en 1838, siendo trasladado al panteón posteriormente. Dicho marquesado lo heredará su hija Dña. Antonina Venegas de Saavedra Torres que se casará con D. José María Guajardo-Fajardo Careaga, enlazando así con la familia que le da nombre al dicho panteón. El marquesado de la Reunión de Nueva España irá pasando de generaciones, hasta llegar a nuestros días.


En cuanto al marquesado de la Peña de los Enamorados, citaremos que pasará a formar parte de esta familia por el matrimonio de un bisnieto de los mencionados anteriormente, D. Francisco Javier Guajardo-Fajardo con Dña. María de los Ángeles de Rojas y Gutiérrez de los Ríos, IX Marquesa de la Peña de los Enamorados. Sus descendientes heredarán este marquesado, que como hemos mencionado se unen por las relaciones de parentesco de ambas familias.


En dicho panteón nos encontramos los restos de varios miembros de la familia que podemos comprobar tanto en la observación del interior del panteón como en el registro documental del cementerio. Igualmente en las fuentes documentales nos encontramos miembros de la familia que habiendo estado sepultados en dicho panteón, han sido trasladados a otros lugares.

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