23 de Septiembre 2013

Como todos los años, el Área de Familia, Asuntos Sociales y Zonas de Especial Actuación del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, a través del Servicio de la Mujer, realiza y difunde, en colaboración con servicios municipales y con otros centros y empresas privadas, una Campaña de Sensibilización contra la Prostitución, la Trata y la Explotación Sexual, con motivo del 23 de Septiembre, Día Internacional contra la Prostitución, el Tráfico de personas y la Trata con fines de Explotación Sexual.

La Campaña de Sensibilización que se presenta este año, pretende sensibilizar sobre esta forma de violencia hacia las mujeres centrándose, de nuevo, en la figura del “cliente”.

 

 

Hoy en día la conducta del “prostituidor” o mal llamado “cliente” está exenta  imagen-campana-23-de-septiembre-de-2013.jpgde cualquier descalificación. La sociedad acepta y justifica su comportamiento desde la naturaleza, desde el instinto, desde unas “necesidades sexuales”. Cuando surge el debate sobre la prostitución y la explotación sexual que sufren miles de mujeres en el mundo, nunca aparece la figura del “cliente” en los discursos, nunca se le cuestiona ni es objeto de atención o de reflexiones. Aparece invisible cuando en realidad es, cuanto menos, un protagonista clave. Y así, se refleja en los datos:

El 97% de las personas que son víctimas de prostitución son mujeres. El 99.7 % de las personas que demandan prostitución son hombres.
Según datos de Save the Children y de la Red Española contra la Trata de Personas, entre 40.000 y 50.000 mujeres y niñas son traídas a España víctimas de la trata de seres humanos, procedentes de Marruecos, África Subsahariana, países del Este, Brasil y Centroamérica, donde “hay una gran demanda”. Informes de Naciones Unidas constatan que España es un país de tránsito y de destino de nivel alto.
Cuatro de cada diez españoles ha recurrido a la prostitución al menos una vez en su vida.
Un millón y medio de españoles acuden diariamente al mercado de la prostitución.
Los españoles gastan 50 millones de euros al día en este negocio.

Pero, ¿por qué millones de hombres eligen comprar/alquilar los cuerpos de mujeres, llamar sexo a esa conducta y disfrutar con ello?

Cuando los hombres pagan por unos minutos de placer con una mujer para liberar tensiones o echarse unas risas con los amigos, están ejerciendo violencia contra ella. 
El lema de la Campaña “Game over. La prostitución no es diversión, es violencia” denuncia que la prostitución es una forma de violencia de género y que las mujeres no pueden ser entendidas como objetos de consumo. Las mujeres no son mercancías, que se compran, se venden o se alquilan durante 20 minutos.

La prostitución se presenta como sexo, como ocio y entretenimiento, como un derecho de los hombres, como un acto que los hombres hacen como hombres, como un acto de poder social donde reafirma su posición dominante sobre la mujer. El consumo de servicios sexuales forma parte de la socialización de género, de los modos de comportarse que la sociedad patriarcal se ha preocupado de transmitir y mantener. Se trata de una actividad social que se ha naturalizado de tal manera que no se identifica como una violencia de género. Ni la sociedad ni los hombres que pagan por un servicio sexual quieren escuchar detalles sobre la tortura y la violencia que sufren las mujeres o lo que la ha llevado a acabar en la prostitución. Para muchas personas es más fácil creer que las mujeres que se encuentran en prostitución están porque les gusta, porque disfrutan o porque es más fácil que buscar otras opciones, pero la realidad es otra, su día a día es bien distinto.

El 95% de las mujeres que acaban en la prostitución lo hacen como  consecuencia de un estado de necesidad.
Las mujeres en contextos de prostitución sufren daños irreparables similares a los producidos en excombatientes de guerra y víctimas de tortura. Esos daños afectan a todos los planos (físico, psicológico, social…).

Independientemente de si las mujeres han sido o no víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual, la desigualdad, la violencia y la explotación de las mujeres están siempre presentes en la prostitución. Los hombres que hacen uso de ella deben asumir su responsabilidad en la existencia y en el mantenimiento de la misma. Porque culpabilizar y atribuir la responsabilidad a las mujeres víctimas supone una injusticia muy grave y un nuevo atentado contra los Derechos Humanos.

Al mismo tiempo, la sociedad en general debe tomar conciencia e implicarse en la lucha contra esta problemática. Es necesario que desarrolle un papel activo, denunciando tales situaciones y rechazando que determinados hombres continúen prostituyendo mujeres.

La aceptación social de la prostitución fomenta la violencia contra TODAS las mujeres. ¿Qué están aprendiendo los hombres y las mujeres, los chicos y las chicas jóvenes? ¿Qué mensajes estamos transmitiendo actualmente? ¿Qué les está llegando a las futuras generaciones? La prostitución no es un problema que afecta a las mujeres que se encuentran en este contexto, es un problema que incumbe a toda la sociedad.

EL JUEGO HA TERMINADO.

 

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