Origen de la Feria

Cuando el Rey Santo hizo a Sevilla cristiana, la hizo también otras muchas cosas. La dotó de un nuevo sistema de organización jurídico-administrativa al más puro estilo castellano: El Concejo o Municipio. Para entendernos, el Rey Fernando nada más llegar a nuestra ciudad, puso la semilla de lo que hoy conocemos por Ayuntamiento.

Andando los siglos, aquellos Concejos fueron poco a poco dándole a Sevilla su sabor, su talante, su compás y su sentido a base de ordenar las cosas y las gentes, de aderezar el perfil de las calles y las plazuelas, de dar servicios adecuados a cada realidad social... más o menos igual que ahora.

En el año 1842 Sevilla vivió momentos realmente difíciles. La ciudad se iba medio restableciendo de los quebrantos económicos que la invasión francesa dejó en el país y, ya en plena desamortización, se iniciaron incluso aventuras industriales.

En la isla de La Cartuja y en un convento confiscado a los frailes se inauguró una fábrica de loza y cerámica fina. La montaron unos ingleses y la trabajaron los sevillanos y las sevillanas.

A finales de ese año, octubre de 1842, un huracán dejó Sevilla arrasada. No estaban los sevillanos para muchas alegrías en aquellos días. Les hacía falta un revulsivo que les hiciera desprenderse de tanta sombra de crisis, de tanto pesimismo.

Y, quizás para intentarlo, a dos Concejales del Municipio se les ocurrió la idea genial: La de solicitar por escrito al Pleno la recuperación de las ferias de Sevilla, una en abril y otra en septiembre. Lo de recuperar tenía todo el sentido, que no en vano el permiso para celebrar ambas lo otorgó Alfonso X el Sabio en 1254, 6 años después de que su padre conquistara Sevilla. Los dos peticionarios fueron dos sevillanos de adopción, dos de los muchos inmigrantes que se enamoraron de Sevilla. José Mª Ybarra y Narciso Bonaplata.Y qué buena idea tuvieron.

Así lo entendió el Pleno del Municipio que inmediatamente se puso manos a la obra y solicitó de la Reina Isabel II "una Feria anual en los días 19, 20 y 21 de abril", dejando la de septiembre para más adelante. Una comisión municipal estudió todos los pormenores, hizo sus presupuestos y lo presentaron para su aprobación a la figura equivalente a lo que hoy pudiera ser el Delegado del Gobierno, el cual impondría una sola modificación. Las fechas feriales deberían ser las del 18, 19 y 20 para no molestar a la feria de Carmona, coincidente en el tiempo con la propuesta inicial.

Y así nació la primera de los tiempos modernos. Se aprobó por el Ayuntamiento el día 18 de septiembre de 1846 y se inauguró el 18 de abril de 1847 en el Prado de San Sebastián, con 19 casetas y con un éxito tal de público y de negocio que, ya al año siguiente, se dirigían los encargados de organizar la venta de ganado al Municipio para pedirle una mayor presencia de agentes de la autoridad porque "los sevillanos y sevillanas, con sus cantes y bailes, dificultaban la realización de los tratos".

Sevilla, que venía siendo acuciada por un auténtico síndrome de penuria económica y de desánimo, encontró la solución con la Feria de Abril. Negocio, copas de manzanilla, cantes, bailes, alegría... Sevilla en pocas palabras.

Y desde esta perspectiva actual, en unas circunstancias más favorables, y, por lo menos y por ahora, sin huracán, se vuelve a mostrar la Feria de Abril como un bálsamo mitigador de pesimismos y depresiones.

Ya le llamaron a la Portada del 94 la de la Ilusión y la Esperanza.

Una sola pregunta queda flotando en el aire: ¿Qué harían los sevillanos en Primavera antes de volver a retomar la Feria? Más vale ni pensarlo siquiera.

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