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De esta manera, la víctima, cuando llega al cajero para realizar cualquier transacción, enseguida comprueba que la tarjeta se ha quedado atascada en la ranura y que no puede operar.
En ese momento, aparece uno de los timadores, haciéndose pasar por buen samaritano y ofreciéndole ayuda. Le facilita su teléfono móvil y le dice que se comunique con la sucursal bancaria para que allí le ayuden".
Al otro lado de la línea se encuentra el segundo timador, que le pide a la víctima que marque ocho cifras en el teléfono; las últimas cuatro deben de ser las del número de seguridad de la tarjeta de crédito.
Cuando se ha realizado esta operación, la víctima contempla con estupefacción que, pese a todo, la tarjeta de crédito no es devuelta por el cajero, así que finalmente abandona el lugar, momento en el cual los timadores aprovechan para recoger la misma y utilizarla, al conocer el código de acceso a la misma.
¿La manera de operar? Sencillamente tenían a dos compinches que, en la cabina de peaje, "duplicaban" las tarjetas de crédito con un lector de bandas magnéticas portátil, de pequeñas dimensiones.
" Una vez que el usuario, desesperado, abandona el cajero automático, los estafadores aprovechan para desbloquear la terminal y sacar el dinero".
La otra versión es bastante más macabra, ya que el timador sin escrúpulos lee las esquelas del periódico y va a casa del difunto a entregar una Biblia carísima que supuestamente el finado acababa de comprar. Muchas veces los familiares, emocionados, deciden conservar ese último recuerdo y acceden a pagarla por ser el último deseo del ser querido.
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