LAS BICICLETAS SON PARA TODO EL AÑO
El Ayuntamiento de Sevilla ha anunciado la inversión de 18 millones de euros en la futura construcción de 70 kilómetros de carriles-bici que, distribuidos entre ocho itinerarios, permitirán la interconexión de numerosos barros de la ciudad a partir del año próximo.
Es difícil encontrar en los últimos tiempos una iniciativa política con más sentido de la oportunidad, ya que la decisión fue anunciada por Monteseirín justo en pleno debate sobre la situación del transporte metropolitano a raíz de los informes difundidos por la Consejería de Obras Públicas y pocas horas antes de que su homólogo de Madrid, Alberto Ruíz Gallardón, difundiera su plan de prohibir la entrada de los coches más contaminantes al centro de la capital de España a partir de 2008.
La cada vez mayor contaminación causada por el exceso de tráfico, el permanente colapso de las infraestructuras por los vehículos y la convicción de que el problema es irresoluble por más autopistas que se construyan –se desemboca en un círculo vicioso; a más carreteras, más coches; a más coches, mas carreteras- han acabado por propiciar la adopción de políticas restrictivas al transporte privado.
El de Madrid no es el primer ejemplo, sino el último. Sólo unos días antes, ocho cantones suizos prohibieron a los conductores circular a más de 80 kilometros/horas (la velocidad máxima habitual es de 130), y en grandes capitales europeas como Londres, París y Roma se ha declarado la guerra al coche con variadas disposiciones.
Londres empezó cobrando 7,5 euros por acceder al centro de la metrópoli –efecto inmediato: 70.000 vehículos menos y 150 millones de euros anuales de recaudación con la nueva tasa- y ya ha subido la tarifa a 12 euros. París ha logrado reducir el tráfico en un 14 por ciento declarando peatonales barrios enteros y limitando los carriles al tráfico. Roma prohibe alternativamente la circulación de los vehículos, según su matrícula sea par o impar, o totalmente durante los domingos. Estas restricciones son posibles porque ya existe un potente sistema de transporte público.
Sevilla, por la bondad de su clima y su perfil llano como la palma de la mano, es una ciudad mucho más idónea para el carril-bici que otras capitales europeas donde se usa con profusión. La humilde bicicleta no es, pues, un símbolo del pasado, sino un medio alternativo y de futuro.
Aparecido en Diario de Sevilla el 15/02/2006