La Sevilla de Bécquer

Sevilla recuperará la figura y obra de los Bécquer con motivo del 150 aniversario de la muerte de ambos hermanos.

INTRODUCCIÓN

El Romanticismo eligió a Sevilla y la ciudad se dejó llevar... La capital del sur de España ha atravesado la historia dejando su impronta en cada una de las épocas y, al mismo tiempo, se ha abierto en canal a todo lo que ha acontecido en cada periodo.

El del Romanticismo no fue menos. Sevilla se transformó, tanto su paisaje urbano como en lo que respecta a los usos y costumbres de sus ciudadanos. Una nueva forma de entender la vida, el mundo, la política y el arte en general se abría paso, mientras en la ciudad se asentaba una gran colonia extranjera que gustaba de retratarse con trajes típicos o motivos arquitectónicos al fondo, como la Giralda.

El 17 de febrero de 2020 se celebra el acto inaugural del Año Bécquer.

Bécquer, el rostro del Romanticismo

En este contexto y en esta ciudad nace y vive su niñez y juventud Gustavo Adolfo Bécquer, el rostro inequívoco del Romanticismo español y máximo exponente de este movimiento que también tuvo su reflejo en la pintura, la escultura e, incluso, la arquitectura.

El Romanticismo del siglo XIX convirtió a Sevilla en un destino exótico. Algunos de aquellos pioneros del viaje dejaron sus esbozos de aquella ciudad que aún conservaba su recinto amurallado y que, en aquel entonces, veía nacer la arquitectura de hierro que unirá para siempre Sevilla y Triana a través de un puente inspirado en el Carrousel de París (a cuya inauguración asistió Bécquer el 23 de febrero de 1852, tal y como escribió en su diario) y abría las puertas del Museo de Bellas Artes, donde Bécquer inició sus clases de pintura en 1850 de la mano del pintor Antonio Cabral Bejarano, que tenía allí su estudio. Quién le hubiera dicho al entonces joven Gustavo que en aquel convento se mostraría al público el retrato que su hermano le hizo doce años después...

Y es que su hermano Valeriano fue, sin duda, el gran apoyo de Gustavo Adolfo a lo largo de su vida. Parece que el destino, consciente de ello, tomó parte para que los dos dejasen este mundo en el mismo año, con solo tres meses de diferencia... Ambos fueron educados entre varios parientes, destacando la enorme influencia que ejerció sobre Valeriano su tío Joaquín Domínguez Bécquer, de quien aprendió el arte de la pintura.

Infortunio, desamor, literatura y pintura

Descendientes de una familia noble de comerciantes flamencos, la vida de Gustavo Adolfo Bécquer y, en menor medida la de Valeriano, estuvo salpicada de infortunios desde que ambos quedaran huérfanos siendo solo unos niños. Gustavo Adolfo encontró refugio en la la literatura y, con el deseo de triunfar, se fue a Madrid. De salud débil y enfermiza, decía que el amor era su única felicidad, pero tampoco aquí tuvo suerte.

No se equivocó en sus palabras de despedida de su amigo Augusto Ferrán, también poeta: «Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo». Y solo un año después de su muerte (1870) se publicaron sus obras completas.

Por su parte, Valeriano hizo de la pintura su pasión y forma de vida, y del taller de su tío aprende el estilo costumbrista andaluz que le ayudará a sustentarse en años difíciles gracias a la venta de cuadros pequeños de este género, que tenían fácil salida entre el público.

Su ciudad y su personalidad

Aunque el autor de ‘Rimas y leyendas’ y su hermano desarrollaron sus carreras artísticas fuera de Sevilla, la ciudad les marcó e influyó de manera decisiva en sus obras. Lo personal, la pasión, el instinto, los sentimientos, las emociones... El momento histórico que vivieron en ella queda plasmado en los poemas de Gustavo Adolfo, de quien podemos decir que abrazó el Romanticismo en otras tantas facetas de su vida; y en las pinturas de Valeriano.
Son muchos los espacios de la ciudad dedicados a los hermanos Bécquer o vinculados a su existencia en los que poder recrear sus vidas; especialmente la de quien, además, es considerado el iniciador de la poesía moderna en España. Numerosas calles y lugares tan emblemáticos de Sevilla como la plaza de San Lorenzo, la Glorieta de Bécquer, la Alameda, el convento de Santa Inés, el Alcázar, la plaza del Duque o el Panteón de los Sevillanos Ilustres, donde desde 1913 descansan los restos de ambos, nos trasladan a la Sevilla donde se forjó la personalidad de los Bécquer.

Sin duda, una ciudad que marcó ambas existencias. No obstante, el mismo Gustavo Adolfo dejó escrito su deseo de descansar en Sevilla, concretamente, a orillas del Betis. Y, aunque no se ha visto cumplido, sí reposa en la ciudad que le vio nacer y junto a su querido hermano Valeriano.

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PROGRAMA DEL AÑO BÉCQUER

El 23 de septiembre de este año se cumple el 150 aniversario de la muerte del pintor Valeriano Bécquer, a los 36 años de edad, y el 22 de diciembre sucede lo mismo respecto al poeta Gustavo Adolfo Bécquer, fallecido a los 34 años.

Para reivindicar la proyección artística de los Bécquer, a lo largo de los próximos meses se van a desarrollar una serie de eventos que van a permitir que Sevilla recupere la obra y figura de estos artistas. Un proyecto de ciudad que seguirá la estela del Año Murillo.

El calendario de actos programados para conmemorar esta efeméride tiene como punto de partida la visita institucional que se realizará el día 17 de febrero, fecha del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer, a la Glorieta del Parque de María Luisa dedicada a este poeta.

En citas posteriores se van a desarrollar rutas guiadas y lecturas poéticas en espacios de la ciudad, vinculados a la existencia de los Bécquer en la capital hispalense. En estas acciones va a tener un papel fundamental la colaboración con la asociación ‘Con los Bécquer en Sevilla’, una entidad cultural constituida en torno al legado del poeta.

Asimismo, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, donde descansan los restos mortales de ambos hermanos, se van a celebrar dos actos coincidiendo con las fechas correspondientes a la muerte de cada uno de ellos. Así, el primero de ellos tendrá lugar el 23 de septiembre, en el caso de Valeriano, y el 22 de diciembre, en el caso de Gustavo Adolfo Bécquer.

Lee la noticia de la presentación.

SEVILLA Y BÉCQUER

Gustavo Adolfo Bécquer y Valeriano Bécquer, claros exponentes del Romanticismo, están indudablemente unidos a la historia de Sevilla. Ciudad natal de ambos hermanos, una ruta por diferentes espacios permite explicar la vinculación de cada punto con los Bécquer. Gustavo y Valeriano supieron difundir, a través de sus obras, la belleza de una ciudad como Sevilla, que forma un tándem único e irrepetible con el Romanticismo.

RUTA 'LA SEVILLA DE BÉCQUER'

Casa Natal en Calle Conde de Barajas

En el número 9 de la Calle Ancha de San Lorenzo, hoy número 28 de la calle Conde de Barajas, el miércoles 17 de febrero de 1836 vino al mundo el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Actualmente, hay una placa que informa del nacimiento del autor en el domicilio, aunque nada tiene que ver la fachada del siglo XIX con la que se puede ver hoy.

A principios del siglo XX, el torero Antonio Fuentes, conocido como el torero de las golondrinas por su gran admiración hacia el poeta, la derribó y construyó otra nueva, en la que vivieron sus descendientes hasta mediados del siglo pasado.

La casa del torero sufrió en 1975 un violento incendio quedando posteriormente cerrada y abandonada. Actualmente, del citado inmueble solo se conserva el lienzo de fachada.

Para que la casa natal del poeta no desapareciera de la geografía de su ciudad y de la memoria de sus habitantes, Rafael Montesinos –también poeta sevillano y uno de los mejores conocedores de Gustavo Adolfo- escribió una carta al rey para que este edificio fuera declarado monumento histórico-artístico, cosa que ocurrió el 24 de mayo de 1979.

Parroquia de San Lorenzo

Gustavo Adolfo Bécquer se bautizó en la parroquia de San Lorenzo, diez días después de su nacimiento. Don José Bécquer puso a sus hijos nombres de reyes y emperadores. Al poeta sevillano le tocó el nombre del rey sueco, y le fue impuesto en esta iglesia en cuya pila bautismal fue bautizado el 25 de febrero de 1836, siendo su madrina doña Manuela Monnehay, una niña de 10 años, alumna de José Bécquer que moriría en octubre de 1855 de cólera.

El apellido Bécquer es de origen flamenco. Los Bécquer habían llegado a Sevilla a finales del siglo XVI o comienzos del XVII procedentes de Flandes. José Bécquer lo adoptó porque sabía el cariño que su abuela paterna y madrina, doña Mencía de Tejada Bécquer, sentía por este apellido.

Calle Potro (hoy Ana Orantes)

Según Santiago Montoto, tras la muerte del padre en 1841 se trasladan a una modestísima casa en el número 27 de la calle Potro, como consta en el padrón municipal de San Lorenzo.

Según los documentos de empadronamiento, tras la muerte de la madre, en febrero de 1847, se domiciliaron en el número 37 de la Alameda de Hércules con sus tías maternas María y Amparo. Aunque, según otros biógrafos, en 1838 la familia se traslada al número 27 de la calle del Potro y tras la muerte del padre, en 1841, la familia ocupará una casa en el número 12 de la calle del Espejo, hoy Pascual de Gayangos. A la muerte de la madre Gustavo se iría con sus tías María y Amparo a la Alameda.

De esta época son los dibujos y algunos autógrafos que Gustavo hizo en el Libro de Cuentas de su padre. Cuenta Gustavo que cuando apagaban las velas, las noches de luna, él y Valeriano dibujaban iluminados por ella.

Colegio San Francisco de Paula, en la Calle Jesús del Gran Poder

En 1842 el poeta inicia sus estudios en el Colegio San Francisco de Paula situado en la C/ Jesús del Gran Poder no 29. Posteriormente, en 1846, Gustavo Adolfo ingresaría en el Real Colegio de Humanidades de San Telmo. Allí conoce a Narciso Campillo con quien escribe un drama -’Los conjurados’- y una novela jocosa: ‘El bujarrón en el desierto’. Y, por supuesto, centenares de versos. Tras la supresión del Colegio de San Telmo, el 7 de julio del 1847, Gustavo estudia con el poeta Francisco Rodríguez Zapata, discípulo de Alberto Lista.

Calle Mendoza Ríos

Aquí vivieron los hermanos Bécquer desde 1852. Sería el último domicilio de Gustavo, ya que de aquí partió para Madrid en el otoño de 1854. Santiago Montoto habla del carácter vecinal y gregario de la casa.

Museo de Bellas Artes

En los pasillos de esta pinacoteca se muestra de forma permanente el conocido retrato que Valeriano hizo de su hermano menor. Es la imagen del poeta más conocida y la hemos visto en numerosos libros de texto y publicaciones. Esa efigie incluso ilustró durante muchos años el ya desaparecido billete de cien pesetas.

Convento de Santa Inés

El convento está situado en la calle Doña María Coronel, centro de la ciudad, cerca de la Plaza de San Pedro.

En el muro de enfrente del coro bajo, situado a los pies de la nave central, nos encontramos con el popular órgano, uno de los más antiguos de Sevilla, que el poeta inmortalizó en la leyenda, ‘Maese Pérez el organista’.


En Sevilla, en el mismo atrio de Santa Inés, y mientras esperaba que comenzase la Misa del Gallo, oí esta tradición a una demandadera del convento.

Como era natural, después de oírla, aguardé impaciente que comenzara la ceremonia, ansioso de asistir a un prodigio. Nada menos prodigioso, sin embargo, que el órgano de Santa Inés, ni nada más vulgar que los insulsos motetes que nos regaló su organista aquella noche.

Al salir de la Misa, no pude por menos de decirle a la demandadera con aire de burla:

—¿En qué consiste que el órgano de maese Pérez suena ahora tan mal?

—¡Toma! —me contestó la vieja—, en que ese no es el suyo.

—¿No es el suyo? ¿Pues qué ha sido de él?

—Se cayó a pedazos de puro viejo, hace una porción de años.

—¿Y el alma del organista?

—No ha vuelto a parecer desde que colocaron el que ahora les sustituye.

Si a alguno de mis lectores se les ocurriese hacerme la misma pregunta, después de leer esta historia, ya sabe el por qué no se ha continuado el milagroso portento hasta nuestros días.

"MAESE PÉREZ EL ORGANISTA"


El interés de esta leyenda es triple: se trata de una evocación de la Sevilla del Siglo de Oro, es una rima en prosa a la música de órgano y supone una maravillosa transposición literaria del lenguaje popular sevillano. Además, Gustavo hace un guiño a sus antepasados flamencos cuando habla de los caballeros veinticuatro, ya que ellos lo fueron.

Catedral de Sevilla: Altar de las Santas Justa y Rufina

Los Bécquer, nobles flamencos, llegaron a Sevilla a finales del siglo XVI para comerciar, y pronto alcanzaron una próspera situación entre las familias sevillanas más altas, con capilla propia en la catedral hispalense. Se trata de la capilla de las Santas Justa y Rufina de la Catedral, en la que están enterrados los antepasados del poeta. Está fechada en 1622, como data la reja de la misma.

La Venta de los Gatos

En la avenida Sánchez-Pizjuán (antiguo camino del cementerio) se encuentra el que fuera el escenario de una leyenda de amor trágico entre el hijo del ventero y una moza. Aunque el edificio no tenga ninguna placa informativa respecto a su historia, sí encontramos en el barrio de las Golondrinas un discreto monumento a Bécquer.

Iglesia de San Vicente (Capilla de las Siete Palabras)

En 1884 la Sociedad Económica de Amigos del País, con José Gestoso a la cabeza, solicita a las autoridades pertinentes el traslado de los restos de G. A. Bécquer a Sevilla. En 1912 la Real Academia decide que también vuelva Valeriano.

El 9 de abril de 1913 se exhumaron en la Sacramental de San Lorenzo de Madrid los restos de los hermanos Bécquer y fueron conducidos en una carroza de tiro de cuatro caballos a la Estación de Atocha. El 10 de abril llegaron a Sevilla, a la estación de Córdoba, donde fueron recibidos por el alcalde, Antonio Halcón. Se instalaron en una improvisada capilla ardiente y, tras una ceremonia religiosa, esta quedó abierta al público. La lluvia impidió el traslado al Panteón de la Universidad y los restos fueron llevados a la capilla de las Siete Palabras, en la iglesia de San Vicente.

Panteón de Sevillanos Ilustres

Se localiza en la iglesia de la Anunciación, aunque se accede a través del patio de la Facultad de Bellas Artes. Aquí llegaron los restos de los Bécquer el 11 de abril de 1913 y fueron recibidos por el rector, Francisco Pagés. En realidad, llegaron a la cripta de la Anunciación y, en el año 1972, se trasladaron al Panteón.
Bécquer dejó escrito su deseo de descansar en Sevilla, concretamente a orillas del Betis.

Glorieta de Bécquer. Parque de María Luisa

En 1910 los hermanos Álvarez Quintero (sus principales financieros), durante unos juegos florales en el Ateneo, anunciaron por sorpresa el proyecto, ya que eran unos profundos admiradores de Bécquer. Junto al escultor Lorenzo Coullaut Valera eligieron esta rotonda en la que crecía el taxodium y escribieron la obra ‘La rima eterna’ para recaudar fondos. La representaron por toda España y América.

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Se abrió una suscripción pública en los periódicos y todo el mundo contribuyó. La escultura fue inaugurada el 9 de diciembre de 1911.
La escultura de mármol, declarada de Bien de Interés Cultural, está compuesta por el busto del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, tres mujeres sentadas en un banco que simbolizan los tres estados del amor (el “amor ilusionado”, el “amor poseído” y el “amor perdido”) y dos figuras de bronce que simbolizan el amor herido (un hombre que se retuerce de dolor) y el amor que hiere (un joven Cupido).

Estas tres mujeres representan la rima titulada ‘Amor que pasa’, de Gustavo Adolfo Bécquer.